Moviéndose por la ciudad

El mero hecho de intentar transportarse de un lugar a otro por esta tierra puede ser causa de psicosis agudas. Lo único seguro en un translado por China es el punto de partida, el destino o los acontecimientos que acaezcan durante el trayecto no pueden ser previstos ni por las más complejas artes adivinatorias. Los medios de transporte aquí utilizados no distan mucho de los conocidos por el público general y aun así, al montarse en cualquiera de ellos la sensación es de estar entrando en una montaña rusa por primera vez, nunca sabrás de donde vendrá el próximo latigazo. Cualquier transporte distinto al autobús, que tienen una ruta prefijada, favorece la capacidad de comunicación y de resolución de cualquier individuo. Hay que ingeniárselas para llegar al destino, sobre todo si no se sabe su nombre en Chino ni la ruta hasta él.

Como transporte más barato tenemos el archiconocido autobús urbano. Por el irrisorio precio de 2 renmimbis (25 céntimos de euro) podemos montar en un receptáculo que estimulará y desafiará nuestra pituitaria de maneras no conocidas hasta el momento. El precio será de 2 RMB siempre y cuando uno tenga en mano dos bonitos billetes de 1RMB, porque la curiosa forma de pago consiste en un cajón metálico tipo hucha comunal en el que cada cliente introduce el dinero del billete. Y el agujero para los billetes no da para meter la mano y coger la vuelta que corresponda. Además, el conductor es un conductor en su sentido más estricto, allá cada uno se arregle con el pago del viaje que su contrato dice conducir, nada de atención al cliente.

La opción preferida por los extranjeros es el taxi. El precio sigue siendo irrisorio, no recuerdo haber pagado más de 5 euros por trayectos de 20-30 minutos. Podría uno esperar que alguien que se dedica profesionalmente a la conducción fuese a tener unas aptitudes al respecto superiores a la media. Nada más lejos de la realidad. El concepto marchas es un gran desconocido por estos lugares donde parece que los números de la palanca de cambios no valen como pista del orden en el que debería uno cambiar. Arrancar en segunda es costumbre habitual, incluso algún valiente lo ha intentado en tercera. Podrán imaginarse ustedes que un coche que se cala al salir de un semáforo es el pan nuestro de cada día.

Las lineas del suelo, señales verticales y demás parafernalia son más decoración de la ciudad que herramientas para el ordenamiento del tráfico. Un cruce normalmente se convierte en la lotería en la que todos compran billetes compulsivamente para ganarse el accidente. Como en el taxi uno va protegido con la carrocería y las velocidades de conducción son más bien relajadas el riesgo es bajo, el tema ya cambia un poco cuando uno va montado en la mototaxi.

Encontrar un taxi suele ser cuestión de asomarse a la acera y estirar el brazo, esto siempre y cuando al día no le haya dado por llover, porque parece ser que si llueve los taxis encogen y se hacen imposibles de encontrar. Por aquí hay las mismas probabilidades de encontrar un taxi un día de lluvia que un lugar impoluto en el que descomer.

Por regla general los taxis tienen su bonito taxímetro que es además un aparato con extrema educación pues al entrar uno al coche lo saludan con una grabación en chino e inglés con la curiosa frase: “Hello passenger, welcome to take my taxi”. Pese a haber taxímetro en todos los taxis, como buenos conocedores que son de las leyes de la oferta y la demanda, se niegan a ponerlo en lugares muy concurridos y de donde es imposible salir de otro modo, como en las estaciones de tren, ferry, etc. que hay a las afueras. Ahí toca sacar las dotes de negociador sin dejar de lado la paciencia, tan necesaria siempre para hacer negocios aquí. No se extrañe nadie, aunque yo anonadado me quedé, si un mismo taxista intenta llevar a dos personas (desconocidas entre si)  para cobrar doble en un mismo viaje !Con un par¡

Mi querido mototaxi, con sus sonrientes y siempre dispuestos mototaxistas. Más ágil, más rápido, más emocionante… pero con la desventaja de la negociación previa al inicio del viaje. Duras negociaciones, sobre todo cuando uno no sabe cuan lejos estará el destino y al conductor le lleva goteando el colmillo desde que vio tu intención de contar con sus servicios. A pesar de todo y quizá debido a su plus de peligrosidad, es el medio de transporte más económico después del autobús y sin duda el más versátil. Las motos por aquí son vehículos anfibios (carretera-acera) en los que el avezado conductor no dudará en subirse a la acera para saltarse un semáforo en rojo o para poder ir en dirección contraria sin tener que ir esquivando coches (a los peatones no hay que esquivarlos, ya se apartan ellos solos por la cuenta que les trae). Para diferenciar un mototaxi de una moto cualquiera basta con mirar al manillar y comprobar si éste tiene colgando un “casco” extra.

Tema aparte el del “casco”… trozo de plástico flexible que resulta más útil como intercambiador de piojos que como protector de cabeza.

los bicicarros eléctricos son la forma más vistosa de ver la ciudad, en el caso de que haya algo que ver. Con hueco para dos culos de tamaño oriental, se han llegado a ver hasta 5 personas subidas. Bien conocida es la capacidad de optimización de carga que tienen los asiáticos. Lento, caro y poco operativo, pero aún así bastante popular, sobre todo entre las arregladísimas jóvenes a las que les encanta ser centro de miradas y deseos.

Cuenta la leyenda que hace no más de 5 años la calle estaba poblada casi exclusivamente por bicicletas. Si se tiene en cuenta que meterse con una bicicleta en el tráfico es similar a meterse en un tanque lleno de pirañas, es fácil entender que el ciclista sea una especie en extinción por estos parajes. Las clásicas bicicletas han ido siendo sustituidas por las bicicletas eléctricas, terror de los peatones, pues siempre es mejor atropellar a un peatón que ser atropellado por un coche. Por eso resulta difícil ir caminando por la acera sin llevarse un toque de claxon cada dos por tres. La ley de tráfico en China es la ley del más fuerte, la prioridad la marca el que la tenga más grande, yendo ordenadamente del rey autobús hasta el triste peatón, último en tan peculiar cadena trófica.

No te extrañes

Esto no es otro país, esto es otro mundo. Por eso si a China te da por venir, simplemente no te extrañes.

No te extrañes si tus vecinos no te saludan. No te odian, es solo que hablar del tiempo no se lleva.

No te extrañes si oyes como alguien aspira unas sonoras flemas y las escupe sin compasión. Ya se sabe, mejor fuera que dentro. (Si van hasta una papelera para escupir tales fluidos estarás ante una persona sumamente refinada)

No te extrañes si tu profesor suelta un gran eructo en plena explicación y sigue como si nada hubiera ocurrido. La filosofía del mejor fuera que dentro también es aplicable a gases.

No te extrañes si en una cola todo el mundo pasa delante de ti como si no existieras. Las colas aquí siguen solo una regla: Maricón el último (con perdón).

No te extrañes si en la comida alguien escupe un hueso o la espina de un pescado directamente de la boca al plato. No hay cuchillos y a saber donde habrás metido esas manos, como para pensar en acercarlas a la boca.

No te extrañes si cruzando un paso de cebra un coche te pita porque estorbas su camino. Es una carretera y están diseñadas para los coches, no los peatones.

No te extrañes si ves una moto subir a la acera para sortear un semáforo. Está claro que el que tiene una moto la tiene por su movilidad, no aprovechar las aceras se la restaría.

No te extrañes si por la calle la gente te mira y te saluda. Puede que seas su única oportunidad en la vida de decirle algo a un occidental.

No te extrañe si en un bar/discoteca alguien con alta concentración etílica en sangre ladea la cabeza, vomita y acto seguido sigue bebiendo como si no hubiera pasado nada. Para eso ya vendrá alguien con una fregona y se encargará de borrar las huellas.

No te extrañe si en el supermercado los pollos y otros animales de tamaño razonable se venden con cabeza y patas. Todo se come y de paso así nunca te darán gato por liebre.

No te extrañes si en medio de un regateo la vendedora comienza a darte palmaditas de cierta intensidad (verdaderas galletas). Le has caído bien y estás negociando como un jabato, aguanta los embistes (literales) y conseguirás un buen precio.

No te extrañes si en tu casa aparecen cucarachas aunque seas un maniático de la limpieza. Hasta un décimo piso es normal.

No te extrañes si en un restaurante no hay servilletas. Para algo las camisas se diseñaron con mangas.

No te extrañes si la mitad de las webs a las que estás acostumbrado a visitar no cargan. La gente no sabe administrarse bien la libertad y por eso el gobierno tiene que ayudar

No te extrañes si en una aglomeración de gente te sientes un poquito violado. El concepto espacio vital no ha traspasado todavía estas fronteras.

Y todo esto que a nosotros podrían parecernos cosas raras o hasta faltas de educación, aquí son lo más normal del mundo; y como dice el refrán: donde fueres haz lo que vieres. La contrapartida es que de vuelta a un país occidental, se corre el riesgo de parecer un desconsiderado y un marrano hasta que las “buenas” costumbres vuelven a asentarse en la cabeza.

Peluquero fotografo

El día que no me pasa algo digno de mención es porque no salgo de casa. E incluso quedándome en casa todo el día, hay altas probabilidades de que ocurra algo que solo podría ocurrir por esta peculiar parte del globo.

Sábado, último de uno de los alemanes. Toca hacer las últimas compras y regalos para su familia así que lo acompaño y de paso me llevo la cámara. A ver si cazo algo interesante. Como de costumbre, no tener la cara aplastada ni los ojos de sospecha constante, provoca que mucha gente te dedique un “hello” o una sonrisa amable por la calle (cuando no se empiezan a descojonar señalándote, aunque sin maldad la mayor parte de las veces).

Hay días que apetece mas la interacción social y otros en los que cualquier contacto humano resulta molesto. Para esos días de ermitaño, en china es mejor no sacar los pies de casa.  Aquí gusta relacionarse con los occidentales y si encima ven algo en común contigo, con mayor razón. Fue este el caso del peluquero fotógrafo. De tranquilo paseo nos encontrábamos el compañero y un servidor cuando sentimos de repente que alguien nos llama desde el interior de un local.

Curioso como soy y con la suerte de encontrarme en un dia de esos en los que el contacto humano me resulta agradable, di media vuelta y vi a un señor que me miraba y señalaba mi cámara. A su encuentro me fui, curioso por lo que pudiera suceder y tratando de olvidar todas esas leyendas urbanas chinas sobre los robos de organos. Como esa en la que uno se levanta en una bañera llena de hielo, con un corte cosido en la espalda y una nota en la que le agradecen el riñón prestado.

A aquel peluquero le había llamado la atención mi cámara, pensaría que eso me convertia en una persona con cierta sensibilidad para la fotografia. El agradable señor parecía un motorín, me sento sin dejarme opción a rechistar y comenzó enseñarnos fotografías hechas por él.

No tenían especial valor artistico, y no eran fotografías que llamasen especialmente la atención, pero aquel señor le ponía tanta emoción al enseñar su obra, que conseguía que aquella muestra tomase un interés especial. Obviamente no pudo dejar pasar la oportunidad de aumentar su colección fotografica, y allí se planto, con su ritmo frenético a registrar la visita de dos extranjeros a su peluquería.

Que si siéntate aquí, júntate más, ahora a contraluz, cambia el encuadre. Un genio en miniatura, con una gracia y un salero impropio de su país.

Antes de marchar no perdió la oportunidad de ofrecernos un corte de pelo, que si bien la gracia y el salero podrían parecer ajenas a China, la oportunidad de negocio nose había borrado todavía de sus genes.

Da gusto pasear por la calle y llegar a casa con la sensación de sentirse “interesante”.

Camisas de cuello zhongshan

En europa no tenemos ni puñetera idea de cultura china y todo lo que allí llega, se adultera de una forma u otra. El ejemplo más sencillo y claro es el de los restaurantes de comida china ubicados fuera de las fronteras del gigante asiático. A estas alturas y después de haber probado la comida de Beijing, Shanghai, Xian, Hong Kong y la rica comida cantonesa entre otras, puedo decir que el  parecido con lo que llega a Europa no va mucho más allá del uso de palillos para comer y camareras de ojos rasgados. Pero no solo la gastronomía china llega con ciertos conceptos cambiados al viejo continente, también en la moda hemos cambiado algún concepto.

Nosotros españoles, que llamamos Pekín a Beijing y Mao Tse Tung a Mao Zhedong, asumo que por algún problema de oido al escuchar palabras en idiomas diferentes al nuestro, les hemos cambiado incluso el nombre a un tipo de cuello de trajes y camisas. Resulta que esos curiosos cuellos de camisas originarios de China y que nosotros hemos tenido a bien llamar cuello mao son en realidad llamados aquí cuello zhongshan, en honor al primero que empezó a usarlos publicamente. Comprensible es este cambio de nomenclatura cuando la mayoría de nosotros no tendrá ni idea de quien era ese tal Zhongshan, Sun Zhongshan o también llamado Sun Yat-sen (http://es.wikipedia.org/wiki/Sun_Yat-sen). Yo toda la vida creyendo que había sido Mao el que se había quitado de un plumazo a los emperadores chinos y que este país siempre había sido comunista, y resulta que antes de la República Popular China existió una República China (nunca una palabra había cambiado tanto un concepto por cierto) democrática que con Zhongshan, quien posteriormente sería su presidente, fue la que realmente quitó las dinastías imperiales.

Quizá todos estos conceptos sean de conocimiento general del personal y es probable que sea yo el único al que la historia de China le flojea. Si alguna antigua profesora mía de historia leyera esto tendría claro que la culpa de esto mía por vago y mal estudiante, y encima no le faltaría razón. Pero aquí estoy yo, subsanando mis “errores de juventud” y usando la mitad de mis clases de chino para aprender un poco de historia y curiosidades chinas, que siempre es mucho más entretenido que ponerse a diferenciar entre el primer y el cuarto tono de este imposible idioma.

Echar la vista atrás

(A continuación hay una reflexión personal larga, aburrida e incluso poco modesta, pero que a estas alturas me es necesaria para hacer análisis introspectivo de esta experiencia. Avisados quedan del tostón.)

Después de algo más de seis meses de idas y venidas por la fábrica del mundo, es hora de parar por un momento y reflexionar.

Esta oportunidad que se me ha brindado, surgió, como muchas de las cosas que marcan la vida de una persona, de casualidad. Siempre había fantaseado con trabajar durante algún tiempo lejos de casa. Soy consciente de que hacerlo abre la mente y forja la personalidad. Además, en nuestra piel de toro tenemos esa idea de que lo de fuera es mejor y el caché de una persona sube mucho al haber disfrutado de experiencias en el extranjero. “Long story short” como dirían los angloparlantes, hice una entrevista para trabajar de becario cerca de casa y de ahí, sin saber muy bien que se le habría pasado por la cabeza al entrevistador, me propusieron desarrollar un proyecto algo más lejos de casa. Ya estaba trabajando en Madrid cuando todo sucedió, buen trabajo y sueldo aceptable teniendo en cuenta las circunstancias (primer trabajo, la crisis absorviéndolo todo, etc.) Solo la respuesta a una pregunta fue la que me ayudó a tomar la decisión ¿Me arrepentiré si no voy? Fue fácil imaginarme en cinco años, incluso aunque todo me hubiese ido bien, preguntándome qué habría sido de mí, qué lugares habría visitado, qué experiencias habría vivido si hubiera cogido ese avión. No habría soportado pasarme la existencia pensando en lo que podría haber vivido si me hubiera marchado.

Considero arrepentirse algo inútil por muchas razones, pero la principal es que incluso si la decisión tomada no es la adecuada, al menos se aprende de ella. Además se aprende mucho mejor de las decisiones equivocadas que de las correctas. A pesar de todo, a estas alturas del partido puedo estar seguro de que la decisión de venir fue la correcta. Profesionalmente he crecido, y mucho.Quizá los conocimientos técnicos adquiridos en estos meses no hayan sido especialmente relevantes, pero esos se pueden aprender rápidamente en cualquier lugar. Lo que seguro que no se puede aprender con tanta facilidad es el tratar con gente tan diferente, gente cuyas costumbres chocan frontalmente con las tuyas y con las que pese a ello te tienes que entender. No es tan fácil aprender a solucionar problemas, solucionarlos cuando todo el mundo duerme en España y no hay nadie tras el email o el teléfono al que acudir para pedir consejo. Y en el plano personal es tan grande la experiencia que resulta difícil de calificar. A priori tengo una gran sensación de haber ganado una batalla pendiente conmigo mismo, la batalla de lograr sobrevivir con un total desconocimiento del idioma y sin poder usar la muleta del inglés en la mayoría de las ocasiones. Me he sorprendido realizando razonamientos y análisis muy curiosos y elaborados para logar entender y hacerme entender en muchas situaciones. Ahora que me tomo un momento para pensarlo, lo veo, veo que he avanzado un paso, que ya no soy el que era, que ahora soy un poquito mejor. Y es que si algo he aprendido y a base de bien, ha sido a sacarme las castañas del fuego, a que el que no llora no mama y que si algo no funciona hay que darle mil vueltas hasta que lo haga. Al final hasta he aprendido, como me dijo uno de los jefes antes de venirme, a no conformarme.

Muchas veces al escribir contando curiosidades y vivencias se pasan de lado todos los momentos angustiosos o tristes, que los hay. Pero de toda vivencia, incluso de las más incómodas, se puede sacar una buena historia que en el peor de los casos servirá para amenizar una cerveza en buena compañía y en el mejor para aprender alguna valiosa lección. Irse lejos de casa es interesante y muy edificante. Quizá incluso debiera ser obligatorio. Pero que nadie se piense que es fácil. Me hace mucha gracia la gente que comenta la suerte que tengo de estar aquí mientras dicen que nunca se irían de su casa por no sacrificar todas esas cosas que se dejan atras. Amigos, familia, amantes (no se hacen una idea de lo difícil que es formarse una nueva agenda femenina), todas esas cosas que forman la patria de uno. Repito aún a riesgo de ser pesado, esto merece mucho la pena, pero fácil no, fácil no es. Como todo en la vida al final es una cuestión de sacrificar unas cosas por otras. No se puede tener todo.

Ahora que ya conozco gente que vive por aquí, que conozco lo que cobran y sus condiciones de vida (algunas son de pena pese a lo que aparezca por la televisión a menudo). Puedo compararlas con las mías y concluir que soy muy afortunado. Pero también me he dado cuenta de otra cosa quizá más importante. La fortuna nunca viene sola y hay que trabajársela a diario. Está claro que una componente de azar siempre está presente, pero haber estudiado una carrera, haber estudiado en otro país, saber idiomas con soltura, haber aprendido a brujulear por el mundo, etc. eso ya depende de las decisiones y las ganas de uno por hacer las cosas. Claro que he tenido la suerte de contar con una familia que me respalda y apoya. Es de gran ayuda, pero no lo hace todo. Como decía cierto artista: “que las musas te encuentren trabajando”.

Como siempre, al final dolerá marcharse, dolerá perderse todas las experiencias que no habrá dado tiempo de vivir y tendré que volver a aprender las costumbres de un nuevo lugar, aún por determinar. Ya se puede entrever el final de este camino y podría entrar la necesidad de prever o elegir el siguiente. A mi que no me angustia no saber que va a ser de mi dentro de unos meses y me gusta dejarme llevar por el devenir de las circunstancias, solo me queda por el momento seguir trabajando y preparándome para poder coger de cara las oportunidades que el azar vaya teniendo a bien presentar ante mi.

Empezar bien un lunes

Comenzar una nueva semana es duro. Madrugar, coger el autobús, trabajar… sabiendo que todavía quedan cinco días con igual sufrimiento, jode. Pero a veces hay pequeños detalles que pueden marcar la diferencia y hacerte comenzar un lunes con una sonrisa, que aunque sea por un detalle sin importancia, ayuda.

Toca la revisión de correos electrónicos habitual y aparece uno en el que se avisa del cambio de horario del autobús que me lleva al trabajo. Ya me están tocando los pies, ahora me va a tocar salir de casa quince minutos antes. Se acabó remolonear en la cama esos diez minutos que me daban la vida cada mañana. Será duro, pero aun sigo teniendo mi media hora de siesta en el autobús. Lo curioso del email es que en cierta parte se referían a mi como el Spanish Engineer. “Please forward to interns and Spain engineer” rezaba el email. Dos cosas fueron las que me hicieron ilusión de este hecho. La primera, que aunque sea un triste becario se refieran a mi como todo un ingeniero, pese a que lo de español en estos tiempos que corren esté cada vez más devaluado y que los chinos no tengan muy claro a lo que me dedico por aquí. Como todo lo desconocido y exótico, he adquirido una imagen de persona “relevante”, que no seré yo el que vaya a cambiar. Mucho mejor que sigan pensando que soy una persona con un trabajo de verdad y gran responsabilidad a que se enteren de la realidad y empiecen a tomarme por el pito del sereno. La segunda razón de mi alegría y casi más importante que la primera, fue que el email fue recibido también por mis colegas germanos, a los que se refiere como “interns” que en la lengua de Cervantes viene a ser “triste becario”. Que alegría es ver como se les patea el ego a estos alemanes, siempre con el pecho hinchado solo por el hecho de haber nacido en tan frío país y que tanto me hablan de su superioridad frente a los demás. Ya van unas cuantas veces en las que sin quererlo les doy en las narices y se les hiere ese orgullo teutón a veces tan insoportable, dándome la alegría de bajarles del pedestal con la correspondiente galleta a su chovinista personalidad.

Cochinaditas chinas

He decidido poner mi cuerpo al servicio de la ciencia y la experimentación. Como tengo a la par afán científico y aventurero, hoy probaré todas esas cosas que se comen por aquí a modo de snacks, como si de pipas se tratasen, mis colegas los chinos. Obviamente tengo un gran caldero por si las nauseas y un gran vaso de agua para enjuagar cualquier resto de lo que vaya a comer. Porque tiene tela lo que comen los colegas entre comida y comida.

Empezamos con algo aparentemente suave para la mente y el estómago, porque al final sufre más la cabeza que sabe que está comiendo semejantes guarradas que el estómago, que está bastante curtido ya a estas alturas. Una infancia rodeado de barro y roña dan un buen rodaje.

Carne de ternera seca:

Este pequeño paquetito desprende un olor entre plastico y crema de manos que no invita especialmente a ser comido. Tras la lucha contra el sentido común, que intenta impedir la ingesta de algo con un olor tan poco atractivo, pude comprobar que realmente el sabor acompañana al olor. Empezamos bien, primer mordisco y ya estoy escupiendo la comida en el caldero de desechos, otrora llamado papelera. Un pedazo de carne al sol durante varios días probablemente tenga un sabor parecido.

calamar seco picante:


Abrirlo me transporto unos años atrás, cuando en casa se cocinaban unos deliciosos calamares en su tinta. La sensación se esfumó al acercar más la nariz. El olor era fuerte y con un deje a picante que dormía la nariz. Puede que el sabor original fuera nauseabundo, pero había sido tan hábilmente enmascarado por tal ingente cantidad de picante que era imposible distinguir ningún tipo de sabor. Podría concluirse que el sabor se acercaba al de una guindilla ligeramente remojada en aceite de pescado.

cabezas de pato:

Después del precalentamiento con cosas no demasiado extrañas, me veo capaz de incarle el diente a este peculiar manjar. El olor resultó ser bastante apetecible, con un fuerte toque a comida china (la de verdad, no la europea) pero agradable.

A priori no encontré lugar por donde empezar la degustación así que comencé con un análisis táctil para detectar alguna zona blanda a la que poder echarle un tiento. el pico parecía algo reblandecido, pero consideré que de ahí poco podría sacar. Lo intenté después con la cabeza. Intento completamente infructuoso. El craneo estaba entero y la carne brillaba por su ausencia. La situación requería ayuda externa, así que un cuchillo y un golpe posterior mostraron las partes blandas, y asumo que comestibles, del bicho.

Espero perdonen ustedes que tirase directamente y sin probar el craneo, pico y cerebro del animal pero incluso yo tengo ciertos límites.

lomos de pescado:

Si a alguien le diera por abrir una lata de sardinillas en salsa americana y la dejasen una semana abierta en la cocina, obtendrían un olor semejante al de esta conserva de pescado. El olor es tan duro que abofetea al abrir el envase. El color rojo ya previene de un sabor picante, que al paladar no resulta excesivo. Pese al fuerte olor y a que la textura no es excesivamente fina, estos lomos de pescado tienen un sabor bastante aceptable, desde luego mucho mejor del que a priori se podría esperar al abrir el envase.

patas de pato:

A vueltas con otra cochinadita de la que no sé como voy a sacar nada que comer. Ya me dirán ustedes la cantidad de carne que puede tener un pato.

Prácticamente lo único comestible que se me ocurren son las membranas interdigitales. El olor apunta a una preparación similar a la de la cabeza del animal, lo que no alienta a comer después de la experiencia vivida hace no más de 2 minutos.

Tienen un recubrimiento gelatinoso de sabor muy especiado pero ahí acaba todo. Por más que lo intento no consigo sacar de aquello nada digno de llamarse alimento así que desisto y paso al siguiente mientras el hambre se me va esfumando. No por las cantidades comidas, que son practicamente nulas, sino por el sufrimiento al que estoy me estoy sometiendo.

recortes de calamar seco:

Una grata sorpresa me he llevado. El olor a rula es lo suficientemente sutil como para ser soportable sin esfuerzo. El sabor tiene matices agridulces y picantes con un interesante deje a mar. Por primera vez puedo percibir notas de sabor, que en las anteriores degustaciones había sido imposible debido a ciertas contracciones involuntarias de la musculatura abdominal. Vamos, que esta vez no me habían entrado arcadas.

cuello de pato:

Volver a probar cualquier cochinadita del pato ya me da un poco de miedo, pero uno es valiente y asume los retos hasta el final.

Por culpa de la manía que tiene nuestro cerebro de asociar sensaciones, olores y sabores con experiencias ya conocidas, el primer olor me remitió a la comida de perro enlatada. No es lo más atractivo del mundo, pero al menos huele a carne.

Hay que roer un poco para sacarle la carne al cuello, pero hay que reconocer que el sabor era rico, la carne incluso estaba tierna y la forma de ir sacandola poco a poco de los huesos resultaba entretenida.

Tofu:

No se si es que todo lleva los mismos aditivos o que ya el olfato se me ha bloqueado con tanta guarrada, pero parece que todo ha salido de la misma cocina.
No todo iba a ser carne, los vegetarianos también tienen derecho a tener sus cochinaditas. Quizá mi objetividad se vea afectada por alguna extraña manía hacia el tofu, pero yo a esto no le encuentro sabor por ninguna parte. Salvo un ligero regusto a especias chinas que tampoco aporta en exceso.

Caramelos de ternera:

Sí, sí, caramelos. Ole el que tuvo la idea de presentar de esta manera un pedazo de carne seca.

El olor es inexistente, algo por lo que doy gracias a estas alturas en las que hasta mareos me estaban entrando con tan “peculiares” aromas. Si alguien ha probado el ramén o los típicos fideos instantáneos chinos de sabor a ternera puede hacerse una idea del sabor.

huevos marinados:

Ni la más remota idea de con que los marinan, pero seguro que lo sacan de lo que sale de mi váter. Una vez superado el K.O. que me produjo su olor y vencidas las ganas de salir corriendo para no volver jamás, probé un trozo de clara (oscura en este caso) que tenía un sabor parecido al de la de un huevo cocido normal.

Lo peor llegó al meterse un cacho de yema en la boca. De alguna manera el marinado había llegado hasta la yema, quedando ésta con un sabor que me hizo buscar como loco la cocacola que tenía encima de la mesa. Y es que en un determinado momento me tuve que cambiar de bebida porque el agua ya no era lo suficiente como para quitar sabores tan “exóticos”.

Comencé el experimento antes de cenar y con un hambre atroz. Al acabar, y sin apenas haber comido nada, cualquier rastro de hambre se había esfumado y es que los chinos están delgados porque comer estas cosas entre horas le quita el apetito a cualquiera.

Kékaûkélè

Que los publicistas/creativos de Cocacola son muy finos está más que demostrado. No hace falta más que ver sus anuncios, su diseño y su imagen de marca. Conocida y reconocida en todo el mundo.

Si normalmente hilan fino los de Cocacola, el día que decidieron introducirse en el mercado chino el hilo debía de ser de oro. Introducir una marca con su nombre bien establecido y conocido en un lugar en el que ni siquiera hay letras, sino que cada caracter representa una palabra, ha de ser una labor digna de genios. Y por lo visto Cocacola los tiene. Lograron elegir un juego de caracteres chinos que escritos suenan muy parecido al original “Cocacola” y que encima significa: delicioso y que te hace feliz. Todo un buen eslogan encerrado en un nombre practicamente idéntico al original.

En pinyin (el chino traducido a letras) se escribe “Kékaûkélè” que vendría a ser algo parecido a cocaucolá. Muy finos estos de Cocacola

Criando la comida

Nuestra querida chica de recursos humanos parece que no tiene bastante con aguantarnos a diario que encima nos invita a su casa a cenar. No se si es extremadamente encantadora o si tiene un punto de masoquismo que sacia con nuestra compañía.

Acabamos de cenar un rico y típico hot pot con la novedosa inclusión de gambas. Riquísimas y más que frescas. Vivas. Se oye un ruido en la terraza y ante la pertinente pregunta, nos enseñan un pollo. Metidito en una caja porque, según su dueña, no hace más que cagar toda la terraza el muy jodido. Resulta que el pollo se lo ha regalado la suegra. Que mascota tan curiosa pienso yo. Será la típica mascota china para tener en un piso. Igual lo tienen para tener huevos frescos de vez en cuando. Cuando me dijo la chica que no daba huevos porque estaba capado se me desmontaron los pocos conocimientos sobre biología animal que había adquirido hasta el momento ¿Ahora los gallos sin castrar también ponían huevos? En China todo es posible pensé yo y por lo que pudiera pasar no ahondé más en la herida.

Viéndolo metidito en su caja  me pregunto ¿Si antes dejaba perdida toda la terraza como tendrá ahora la caja? digo yo que limpiarán al animalillo de vez en cuando. A lo que me responden: Para que voy yo a limpiarlo si la semana que viene nos lo vamos a comer. Qué pena me dio el pobre gallo deshuevado. Que ironía. El comia y cagaba como si no hubiese mañana sin saber que ciertamente sus mañanas estaban contados.

Parece ser que es costumbre no demasiado extraña la de criar algún animalejo y llevarlo al mercado para que lo maten y lo limpien. Pese a que dado el grado de aprovechamiento que por aquí le dan a los animales (vísceras, pies, cabeza) lo de limpiar no es más que una forma de hablar.